Cementerio de Niembru

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Este lugar tan romántico y bello hay que contemplarlo durante una pleamar madrugadora, cuando las aguas duplican su vaga silueta de barco fantasma, y volver seis horas después para verlo tendido en la arena como un náufrago.

Garci, sabedor de su encanto, lo escogió para formar parte de las localizaciones en las que se desarrollaría “El Abuelo” y, al igual que él, otros directores también hicieron lo propio. Y es que este pequeño cementerio, flanqueado por la Iglesia de Nuestra Señora de Los Dolores (de estilo Neoclásico, construida a finales del S. XVIII) y la Ensenada de “El Vau”, por la que además se deja abrazar, es el motivo de que muchos visitantes desvíen su ruta para dedicar un rato a disfrutar de su belleza serena.

Cementerio de Niembru

En la última visita que hice a Niembro, llamó mi atención un caballo que permanecía inmóvil, en lo alto de una finca próxima a la carretera, con la mirada perdida en la ensenada. Días después, la casualidad quiso que conociese la historia de Toto y el motivo que le llevaba a permanecer  durante horas en lo alto de aquel muro. ¿Es posible que un caballo llore la muerte de su compañera? Es evidente que sí. El pasado invierno su compañera Chispas murió, después de casi toda una vida juntos. Desde entonces, Toto regresa siempre al lugar donde más les gustaba pastar y pasar un buen rato a solas; y ahí detiene el tiempo, tal vez en un desesperado intento por perpetuar aquellos gratos momentos en los que este escenario de belleza serena era su cómplice.