Al Norte del Edén

Chema Madoz, el arte de lo imposible

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José María Rodríguez Madoz (Madrid, 1958). Este reconocido fotógrafo, Premio Nacional de Fotografía en el año 2000, tiene el don de transformar objetos puramente cotidianos en auténticas poesías y metáforas visuales. De su mente nace un universo paralelo al que nos traslada a través de imágenes, donde plasma «el arte de lo imposible» abstrayendo elementos de su contexto original, transformándolos y alejándolos de la idea inicial para la que fueron concebidos; de este modo consigue convertirlos en protagonistas de una fantasía sin estridencias, armónica, en la que el espectador descifra e interpreta un mensaje cuidadosamente premeditado.

En sus composiciones prima el cuidado uso de la luz y la pureza en los encuadres. Un estímulo visual para nuestra mente. [Recomiendo leer el apartado «Autor» de su web]

Todo esto no es más que una somera introducción para mostraros el documental que nos acerca a su proceso creativo a través de diversas entrevistas no solo con el propio Madoz, sino también con otros artistas, escritores y fotógrafos que nos dan las claves para entender su obra.

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Pictorialismo: La influencia del impresionismo en la fotografía

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El Impresionismo tiene su origen en Europa, principalmente Francia, a finales del siglo XIX, como una evolución a ultranza del Realismo y de las fórmulas artísticas impuestas por la Academia Francesa de Bellas Artes, que fijaba los modelos a seguir (estancados y carentes de originalidad)  y patrocinaba exposiciones oficiales en el Salón de París.

Esta corriente artística -que se podría considerar el punto de partida del arte contemporáneo-  va en consonancia con una transformación social y filosófica de la época; por un lado el florecimiento de la burguesía y por otro la llegada del positivismo. La burguesía trae consigo nuevos usos y costumbres; unos afectan al campo, que deja de ser lugar de trabajo para ser lugar de ocio: las excursiones campestres. Es el mundo retratado por Monet y Renoir. La ciudad, por contra, pasa a convertirse en un nuevo espacio para esta clase social. Cobra relevancica la noche, el ocio nocturno, el paseo, el ballet, el cabaret, los cafés y las tertulias. Un mundo fascinante en el que encuentran la inspiración Degas o Toulouse Lautrec.  El positivismo lleva consigo un cambio en la percepción, un criterio que resta valor a todo aquello que no sea clasificable en las leyes del color y de la óptica. Así pues, cualquier objeto natural, visible y afectado por la luz y el color, es susceptible de ser representado artísticamente. El cuadro impresionista se centra, de este modo, en los paisajes, regatas, renuniones de ocio.. etc. En definitiva, naturaleza -aire libre- y vida cotidiana.

Ante el nuevo léxico que proponen, de pincelada descompuesta en colores primarios que han de recomponerse en la retina del espectador, el público reacciona en contra, incapaz de «leer» correctamente el nuevo lenguaje.

Hasta la llegada del Impresionismo, la pintura reproducía un escenario en el que ocurría un acontecimiento que conformaba el mensaje para el espectador. A partir de entonces, lo que se pretendió fue transmitir la percepción visual del autor en el momento preciso en que lo contempla.

Las obras impresionistas se centrarán en los efectos que procuce la luz natural sobre los objetos y no en la representación exacta de sus formas ya que la luz tiende a difuminar contornos. Ven colores que conforman cosas y esto es lo que se plasma, formas compuestas por colores que varían en función de las condiciones atmosféricas y de la intensidad de la luz.

Se eliminan detalles minuciosos y tan solo se sugieren las formas, utilizando para ello los colores primarios (magenta, amarillo y cyan) y complementarios (naranja, verde y violeta). Con esta técnica se logra dar una ilusión de realidad aplicando directamente sobre el lienzo pinceladas de color cortas y logrando gran brillo en sus pinturas.

Ya para finalizar esta introducción al impresionismo, cabe destacar que el término fué utilizado de un modo despectivo/peyorativo por el crítico de arte Louis Leroy al contemplar la obra de Claude Monet «Impresión, sol naciente» [Impressión, soleil levant] en el Salón de Artistas Independientes de París. La escena representa el puerto de El Havre (Normandía), ciudad donde el pintor pasó gran parte de su infancia. En él, el sol se alza entre la niebla, que difumina el horizonte y los mástiles de los barcos, chimeneas y las grúas del puerto. El reflejo del sol ilumina el agua mientras unas pequeñas embarcaciones se acercan al espectador. Predominan las tonalidades frías en yuxtaposición con la calidez del disco solar y su reflejo.

Impresión, Sol Naciente (Óleo sobre lienzo) Claude Monet, 1873

Impresión, Sol Naciente (Óleo sobre lienzo) Claude Monet, 1873

Los pintores de esta corriente, tal vez influidos por la inmediatez que otorgaba la fotografía, pintaban al natural, al aire libre, buscando los espacios abiertos y huyendo de la preparación del estudio. Por ello, al contrario que sucedía en la pintura clásica, este cuadro no narra ninguna historia, simplemente refleja un momento, un instante de realidad única e irrepetible, captado como lo haría un fotógrafo. Es esa necesidad de captar con rapidez lo efímero de un instante, lo que llevó a que las pinceladas fuesen más rápidas e improvisadas.

El Pictorialismo, por su parte, es un movimiento fotográfico de pretensiones artísticas que, pese a que se desarrolla a nivel mundial, tiene sus máximos exponentes en Europa, EEUU y Japón. Sus comienzos se remontan también a finales del siglo XIX y el fin de la I Guerra Mundial. Surge como una reacción ante la fotografía de aficionados -considerada vulgar- y también como contrapunto a la fotografía academicista, reivindicando los valores propios de la fotografía para la realización de obras de arte en igualdad con otras disciplinas artísticas, pero renunciando a la imitación de la pintura.

Los fotógrafos que conformaron esta disciplina otorgaron un papel secundario a la técnica. Se distanciban de la realidad para que sus imágenes no fuesen una mera reproducción de ella, por eso buscan deliberadamente el desenfoque o «efecto flou». Esa plasticidad que se deriva de la imagen «borrosa» es lo que señala la clara influencia del impresionismo.

El fotoimpresionismo busca evocar las mismas sensaciones que los pintores del impresionismo plasmaban en sus lienzos. Transmitir una emoción, un estado de ánimo, un sentimiento, solo sugiriendo a través de la composición, la luz y el color, aislando la imagen de cualquier tipo de detalle.

Existen diversos procedimientos para conseguir ese efecto «flou» propio del Pictorialismo. El más común  consiste en  utilizar una velocidad de obturación lenta¹ y mover la cámara mientras se lleva a cabo la exposición. Otra posibilidad consistiría en utilizar un trípode y, también con una exposición lenta, dejar que sean los elementos (animales, personas, vehículos..) quienes se muevan frente a la cámara creando estelas de movimiento. En cualquier caso, el resultado es completamente aleatorio y puramente subjetivo.  El método de prueba-error suele ser lo más recomendable hasta obtener un resultado satisfactorio.

Hace ya algunos años hice deliberadamente un movimiento con la cámara aprovechando la luz de un atardecer. Las tonalidades del cielo, el mar y la arena se entremezclaban creando una estela de colores pastel, -bajo mi humilde punto de vista- muy agradable. Así nació Déjà vu, mi primera incursión -sin saberlo- en el fotoimpresionismo.

Fisherman - El pescador

Fisherman – El pescador

Desde entonces y hasta hoy han sido muchas las ocasiones en las que he sentido el impulso de volver a repetirlo. No siempre con los resultados esperados, pues cada uno establecemos nuestros propios baremos, pero sí con alguna que otra grata sorpresa.

Hay  recuerdos que, con el tiempo, nuestra memoria vuelve difusos. Tal vez este sea uno de ellos. Un atardecer cualquiera, en algún lugar a la vera del mar. Un paseo por la orilla instantes después de que el sol se haya ocultado tras el horizonte. Ese preciso instante en el que el cielo se torna de múltiples tonalidades cálidas que encuentran su espejo en la arena mojada.. la misma sobre la que esa persona -convertida en una solitaria sombra- camina tras haberse retirado la última ola.

ISO 100

Canon 70-200 2.8 L @ 70mm

f2.8

6,0″


¹| Para forzar una exposición larga, a parte de reducir ISO y cerrar diafragma, se pueden utilizar filtros neutros de varios pasos, en función de la cantidad de luz que exista en la escena.

Atardecer en la Playa del Silencio, Asturias

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La Playa del Silencio es una de las más bellas del occidente Asturiano, aunque no me aventuro a decir que es la más hermosa, pues compite en belleza, por ejemplo, con su «vecina» Gueirúa. Ambas pertenecientes al Paisaje Protegido de la Costa Occidental de Asturias.

Rodeada de acantilados y pequeños islotes, es el lugar perfecto para abstraerse del mundo. Una especie de oasis donde el murmullo del mar arrastrando los cantos rodados es un deleite para los sentidos. No hay nada más. La quietud, el descanso y el cobijo necesarios cuando necesitamos huir de lo que nos perturba. Aquí el tiempo parece detenerse, máxime si tenemos ante nosotros un atardecer. Entonces, todo se tiñe de tonos cálidos, las siluetas de las rocas se recortan a lo lejos y ver el sol ocultarse lentamente en el horizonte es todo un espectáculo.

El acceso se realiza por el núcleo de Castañeras,  en Novellana, parroquia que pertenece al Concejo de Cudillero.

© Montse Lorenzo

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El tiempo y las cosas: Toni Catany

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La 2 de TVE estrenó la noche del 29 de mayo el esperado documental «El tiempo y las cosas» del fotógrafo Toni Catany (Premio Nacional de Fotografía en 2001) fallecido en 2013.

Testimonios de las también fotógrafas Isabel Muñoz y Cristina García Rodero así como artistas y expertos de la talla de Miquel Barceló o Alain D’Hooghe -entre muchos otros-, nos ayudarán a analizar, conocer e interpretar la obra de este fotógrafo cuya necesidad de expresarse pasaba siempre por el corazón.

Existe un denominador común en todos y cada uno de los testimonios que conforman esta retrospectiva de la obra de Catany: El sentimiento; la gran sensibilidad que tenía este fotógrafo y cómo era capaz de transmitirla en sus fotografías. También destacan su obsesión con el tiempo y su pasión por el arte, en un intento de unir fotografía y pintura.

Isabel Muñoz, al referirse a sus retratos, afirma que: «los ojos a veces dicen demasiado, lo dicen todo y no mienten. Él necesitaba esa verdad, necesitaba meterse en el corazón de esa persona y pensaba que si lo hacía rápido, esa persona no tenía, a lo mejor, ese tiempo que a veces tienes para seducir a la cámara».

Mis fotos son autobiográficas. Tanto si se trata de un cuerpo como de un melocotón. Cuando necesito expresarme, las fotos me salen del corazón. Mi pretensión, en definitiva, es despertar alguna sensación en la gente. Tan simple como la que puede provocar el perfume de un jazmín oculto tras una tapia.

Toni Catany

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